Juego de dos.


Nos atacamos sin darnos cuenta. 
Y lo peor, no usamos nuestras manos al hacerlo. 
Solo… nuestra dulce voz. Que daña más.
¿Sabes por qué? 
Porque deja una herida más profunda. 
No sólo es superficial
Es una herida que no se cierra, ni con el tiempo.
Quizás... deja una cicatriz, pero recuerda que esa cicatriz, no se borrará. 
 Qué juego tan tonto, se hicieron daño. 
¿Ahora qué podrán hacer? 
Pedir perdón. 
¿Qué fácil no? 
Pero te cagaste.
El daño está hecho, y ni un perdón podrá arreglarlo, tonta. 
Sufre ahora.
 Pues, saber que no puedes hacer nada te consume en el alma. 
¿Quién te dijo que abras la boca? 
Cállate y ya no digas nadamás.

Comentarios

Entradas populares